Alcanzaste la hermosura en el instante en que sumida en triviales cavilaciones y pesares te vi cabalgando sobre la finitud de las existencias, bajo el cielo que abría sus puertas para dejar que los rayos del atardecer acariciaran tu divina imagen y que el viento masajeara tu ondulado cabello.
Lograste en ese instante tanta inmensidad que adormecida en el lecho de la fascinación, sólo podía respirar el perfume de esencias celestiales, admirar el río de donde nace la belleza, oír y disfrutar de la armonía del silencio y probar en mis labios el sabor de la sorpresa.
Hombre del caballo si tu gloria pudiese ser tan poderosa que cautivara a Cronos como a mí en ese instante, logrando que viviéramos eternamente embriagados en tu hechizo alimentados de las sensaciones detenidas por siempre en ese momento… pero solamente eres un humano aunque ahora parezcas un Dios a caballo, el paraíso que alcanzaste fue sólo un instante y muy pronto volverás a tu miserable existencia de limitaciones quitándome toda inspiración de paso.
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