Tus labios brillan como cuidad ataviada para la dicha,
pero helados son tus besos como la muerte.
Tu blanca piel, codiciable, no es más
que el reflejo de un cuerpo agonizante.
Y tu risa, antes envolvente,
es sólo el embrujo de una Luna apagada
que busca escapar de su muerte.
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