Miras la hora: ¡que sorpresa!, saliste más temprano del trabajo, mas el instante de alegría automático al mirar el reloj se esfuma con el recuerdo de que llegarás a casa y ella ya no estará allí, esperándote como hacía siempre, es más repentinamente llegas a la angustiante reflexión de que hubiese sido mejor salir a la hora de siempre del trabajo o incluso más tarde.
En casa, das vueltas fumando un cigarrillo, intentando engañar al tiempo, pero es inútil, parece que los segundos hicieron huelga y no avanzan más. Cuando se atenúa un poco el nudo en el estómago, comes alguna cosa escuchando música, pero sin su compañía te es casi imposible tragar los alimentos. Dejando el plato casi intacto vienen hacia ti los recuerdos, tantas veces lloraste y reíste junto a ella, tantas horas compartidas y esos ladrones desgraciados te la robaron y ya no sabes que hacer sin televisión.
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