Amiga Soledad que ya regresas
con la fuerza de tu angustia
con la fuerza de tu celo
y tu distancia.
Entras como vendaval de frío
de cordillera y mar
cambiando el sentido de la roca firme.
Aprovechas el momento oportuno
en que las defensas de la presencia
establecen lazos indestructibles
que la distancia revoca,
tuerce y castiga.
Haces magistral entrada
con tu espada al frente
cortando lazos,
anudando sentires.
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El árbol de grueso tronco
cae en tu ataque
no es fuerte,
no se mantiene incólume,
cae, fenece...
jamás existió… fue débil.
Se rebela el sentimiento
cae al abrazo de la seca rama
del árbol que espera
y sostiene firme...
apoya,
acaricia en el encuentro
y en la distancia,
entrega sin esperar,
sonríe y canta y escribe y lee...
acoge, abraza y consuela
invita, reflexiona y contagia....
Ruge el mar con la fuerza de su pena
responde la montaña
con magnífico silencio
y el eco repite su nombre...
Pilef ©
Mayo 2006
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