Me has dado una rosa,
que floreció en el jardín de tu alma,
su aroma trae tus palabras
y me dice que me amas.
Aspiro su suave perfume
y tiemblo de amor solo al verte,
sintiendo el borde de tus ojos,
en el roce tibio de tu mirada,
que provoca que vibre por completo,
haciendome sentir amada.
¿A quien le importan las palabras cuando el lenguaje es del alma? |