Ayer soñé contigo,
estabas comiendo miel,
me mirabas con tus lindos ojos
¡Qué encanto de mujer!
Tus ojos parecían esmeraldas,
tu piel parecía seda,
tu boca parecía de ángel,
y tu cara, como siempre, bella.
De repente salió un dragón,
como todos, grande, fuerte y sano,
era el de mi corazón,
que no soltaba tu mano.
Nunca olvidaré ese sueño,
porque es y fue el mejor,
no sólo salió de mi mente,
sino también de mi corazón. |