Doncella bella, la de la mirada seria.
Me gusta tanto tu sonrisa de princesa presumida,
tus labios de seda rosada y aquel caminar de
niña encariñada.
Solitaria solicita un príncipe de principios
cultos y de figura impresionable.
Siempre iba a la moda, limpiecita siempre.
Yo, modesto hacia ella, contemplaba desde muy
l lejos su caminar y de cerca a ella presumía algunos versos.
Rosas no ayudan mi rostro, ni esos versos que les hacia
a tus ojos por las noches.
Que es lo que debo hacer para besar tus dóciles labios.
¡Que!
|