Con la mirada baja, da dos o tres pasos, el frió le cobija y el hambre le delata, una incertidumbre camina a su lado...
¿Pasaran estos latidos de corazón mutilado un día más en esta tierra de piedras y bolsas de basura?
Cuando la incógnita esconde su cara, y la ulcera cesa la protesta por un momento; él, sin encontrar la respuesta cierra lentamente los parpados y con la reverencia de un hijo al padre, toma aire, llena las bolsas tras su pecho , la entrada del extraño don le hace sonreír, no con sarcasmo, ni con ironías:
Sonríe, porque aún, parado en el olvido esconde un enigma, un secreto...
Me mira con calma luego de mi pregunta;
Y contesta con un brillo en las pupilas que hace pensar en la profundidad y la experiencia de su respuesta:
"Mi tesoro se llama vida"
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