Levanto las hojas y encuentro tu cara.
Te beso la boca y llenas el vacío que deja el crudo invierno.
Agarro mi lápiz y te reinvento en mi cuaderno.
Abollo la hoja y la estampo contra la pared.
Nada es perfecto como el brillo de tus ojos.
Nada se compara a perderme entre tus brazos y estar a un centímetro de tu boca.
Nada araña la tibia realidad de saber que si te beso se desplomará el suelo o caerá el cielo.
Lo intento de nuevo. Dibujo tu pelo.
Y qué hago con tus labios?
Y si me pierdo al verlos?
O, si no me salen perfectos?...
Lo Rompo, papel al techo.
Nada se compara a tus labios
como nada se compara a tus besos.
Nada más dulce que tus manos
atravesando los bordes de mi cuerpo.
Intento dibujarte, plasmarte en un papel reflejando mis deseos.
Intento conformarme con las tramas en grises y blancos que esbozan tu imagen quieta.
Pretendo no olvidarme ni un detalle de tus labios;
ni un surco de los que tanto estudio mi boca.
Intento informarte que hasta no tenerte conmigo,
a mi cuerpo adherido, amarrado, adosado,
y hasta no tenerte dentro y tocar el infinito, no paro.
Seguiré rompiendo hojas,
tiñiendo mis dedos de negro grafito;
pero no lograré jamás copiar tu esencia,
y mis versos se descuajarán en rimas.
Y aún así, no llegarán a sentir jamás
la tibia realidad del temblor del mundo
cuando reposas en mis labios tus labios. |