Pensando, confiando pensamientos a lo más recóndito de tu mente y a lo más húmedo y tibio de tu corazón.
Tal vez un adiós pronunciado con el vaho del aliento, o uno constante e increíble que se piensa y no se dice por no ser convincente. Un adiós que no oigo, un adiós que ignoramos y contraatacamos, un adiós falso y forzado, un “adiós” para otro buen día, y un beso de despedida para tener los mismos labios que te saluden.
|