¿Quién pudiera arrancarme ésta espina
que llevo clavada en el corazón?
Como un puñal de hielo grís
atravesándome las ansias.
¿Quién pudiera responderme
con palabras sin sentido
las preguntas que el camino
me ha de disparar?
Como un estallido de pólvora suicida que se acerca por el río,
arremetiendo con furia sobre ésta piel helada.
¡Han de ser mis venas,
las que ya hundidas en la memoria,
se recorten contra la luz
del tiempo arrastrado!
Porque jamás han entendido,
y jamás van a hacerlo.
Que éste follaje profundo,
que ésta jungla de ideas,
que este vaivén de sonidos,
no son más que mi propia tierra.
Lumumba arboris templum. Reino de mojones controlados, menos el último del tarro. |