La soledad me susurro con su voz pálida y ahogada, me pronuncio bajito el nombre de las personas con las que antes solía reír a carcajadas, los nombres carecías de asentó; pero cada nombre evolucionaba a una lagrima.
La máxima nostalgia penetro hasta lo infinito de mis entrañas. Mientras escuchaba la lista interminable de recuerdos, mi mente viajaba por pasados fúnebres y felices.
La soledad termino gritándome: ¡déjame, necesito estar solo, necesito honrar mi nombre, vete con ellos, acaso no los añoras. Vete déjame!
|