- Recuerdo aquellas tardes en las cuales caminábamos juntos en la playa. Recuerdo esos veranos acostados en la arena, mirando el infinito. Recuerdo... Aquellas navidades de recién casados. Esos regalos que nos dábamos mutuamente, mientras disfrutábamos la soledad secreta de nuestra cabaña de la playa... ¡Ay, si esa cabaña pudiera hablar! ¿Te acuerdas de eso? Lo pasábamos bien... Aún me acuerdo cuando jugábamos a mojarnos los pies en el mar, mientras tratabas que tu falda no se mojara... No te imaginas lo linda que te veías cuando atardecía y tus cabellos hacían contraste con el rojo del cielo.- me reí, con un poco de tristeza, mientras me sentaba en el suelo, mientras seguía hablando...- Todo entre nosotros es perfecto ¿Sí o no?...
Suspiré mientras miraba el suelo. Miré hacia el techo de nuevo y hacia ti. Pero tu... bueno, no importa... tragué saliva y seguí hablándote:
- Y cuando fuimos a Europa... ¡Qué manera de pasar penurias!... No nos alcanzaba ni para andar a pie... ¡Y qué manera de comer papas fritas! Pero sin ni uno en los bolsillos pudimos pasarla bien... Tú tienes la capacidad de hacerme olvidar mis problemas, y contigo jamás la pasé mal. Estábamos bien con tal sólo estar juntos... todo lo demás tenía solución... pero...
De mis ojos brotaron lágrimas, mientras que mi garganta anudada seguía articulando palabra. Saqué la rosa que te traje de regalo, la besé, recordando lo que hacías al momento de recibir cada flor que yo te daba y terminé con lo que decía:
-... Todo ha sido distinto desde que te fuiste, amor...
Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano, tratando de olvidar cómo te veías cuando estabas muriendo en el hospital. Tu hermoso rostro demacrado por la enfermedad que como un vampiro te absorbió la vida gota a gota.
-... Desde que te fuiste... sólo los recuerdos de ti me dan la alegría de vivir... Entonces trato de recordarte todos los días, mi niña... De recordarte siempre...
|