Histórico fue el hallazgo de esos lentes que permitían -a través de su aplicación sobre las hojas de un libro- llegar a comprender el pensamiento horizontal de su autor.
Se pudo descubrir asi las verdaderas intenciones económicas -más que artísticas- de muchos autores contemporáneos y los verdaderos proyectos políticos de ciertos gobernantes, analizando simplemente sus discursos puestos en papel.
El Papa ya no pasó homilías y muchos hombres dejaron de seducir "dulcemente" por el medio epistolar.
La cosa de cómica pasó a obvia y de obvia a aburrida cuando los poetas dejaron de poner musas idealizadas por excusa ya que bien se sabía que ellas venían embotelladas con la etiqueta de un Merlot.
Los científicos y las farmacéuticas se vieron en grandes aprietos económicos como es de suponer.
Lo interesante para mí, fue poder hallar respuestas en la personalidad genuína de escritores fallecidos. Comprendí que Sade escribía "pornográficamente" sólo para vengarse de su abuelita que había preferido hornear galletas de navidad para otro primo y no para él. Poe no estaba triste, solo quería ser diferente y en ese entonces hacerse piercings no era algo accesible en un shopping mall. Lewis Carrol no era pedófilo, en realidad él quería ser Alicia y Cervantes... Cervantes estaba algo bebido y siendo manco, lo irritaba tener que soltar la pluma para rascarse un...
Tal fue el efecto histórico, como dije, que teniendo que rectificarse tantos hechos enciclopédicos, los historiadores prefirieron ser réferes de fútbol o dedicarse a la gastronomía. Eso sí, ningún menú volvió a ser impreso.
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