Te imagino zurciendo mi alma
surcada de despecho y amargura.
Creo acariciar el terciopelo ajeno a tu cuerpo.
Ayer contemple el aguacero desde mi balcón.
El roció fresco acariciaba mi pálido rostro,
añore en ese instante tus dóciles caricias.
La soledad dialoga conmigo de vez en cuando,
me interroga una y otra vez sobre tu ausencia.
La soledad y su peculiar forma de hacerme daño
surcan más mi corazón.
Eh princesa, que haz echo en mi.
Te instalaste en mi corazón y al poco tiempo
lo evadiste.
Me pregunto si me recuerdas de vez en cuando.
|