El destino de Lorenzo le había deparado un rol especial en la sociedad: esclavo. Quizás por su pelo negro azabache o por su fama, desde muy chico, de incansable trabajador fue elegido a dedo y arrebatado de sus padres a muy temprana edad.
-No nací para esto- repetía todos los días cuando, sumiso por completo, le concedía todos los caprichos a su amo Arturo.
Cierto día Lorenzo amaneció tan temprano que el sol todavía no asomaba sus primeros rayos de luz. Ese día Lorenzo intento buscar su libertad.
-¿Por qué debo ser como mis otros pares?, ¿Por qué debo continuar con este triste legado que deberán sobrellevar también mis hijos?
Tomó una rápida carrera, trepó al muro que lo separaba de la libertad… y escapó.
Al cabo de un corto tiempo se encontró con varios seres como él. Seres que amaban la libertad aunque el premio fuera ser vagabundo. Lorenzo fue feliz hasta el último día de su vida. En cambio a su amo se lo escuchó gritar durante mucho tiempo: “Perro de mierda así me has pagado todo el dinero que en ti invertí”.
FIN
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