Yo quería mirarte, pero para mirar a un hombre como tú había que ser muy cauta.
No era cosa de mirar directo a los ojos,
tenía que ir mirando desde los pies.
Ahora te miro directo a los ojos
y puedo tocar las puntas de tu pelo
que alguna vez estuvieron pegadas a tu cabeza.
Días, años,
y los poemas dulces y salados vuelven
pero sin que lo notes.
y los colores, aunque en secreto,
los verdes y los rosados reviven,
y con ellos te amo por onceaba vez. |