Hay camas que duermen bajo los hombres y se cubren, en invierno, con sus pieles; zapatos que calzan un par de piernas sexys, collares que abrazan, a su antojo, a los cuellos, pelos que juegan con el aire y dedos que ordenan al cerebro; lámparas que sujetan techos y papeles que se adhieren a las palabras.
Hay agua que nada contracorriente, bajo miles de peces van con la corriente, tierra que soporta el peso de árboles gordos y flacos, flores que le hacen el amor a las abejas. Hay piedras que le ponen zancadillas al río y nubes que hacen dieta a viento y agua.
Hay rocas que hipotecan insectos para vivir, semillas que expropian huertas, pesadillas que le temen a la noche, insomnios que cuentan ovejas, ovejas que cuentan ovejas; constelaciones de estrellas marinas y caballos de mar sin jinete. Hay perfumes sin olfato, televisores que nos ven y se ríen de nosotros, sillas con lumbago y ordenadores con estrés.
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