Amada niña mia, semilla de otro vientre.
Inocencia y dulzura en los vestigios de un corazón desolado.
Hoy te conviertes en el asiento vacío a mi lado,
Aquel grito ahogado, y un llanto desolado.
Esta madrugada cualquiera; te añoro.
Tus ojos grandes, oscuros y sinceros,
Esas pequeñas manos que calman el dolor mas profundo o el alma mas maltrecha.
Ayer consolé tu llanto, pero hoy ¿quien consuela este quebranto?
Este deseo de morir con tu partida.
Hace unas horas tu madre me arrancó el alma con tu adiós,
Te arrebatan de mi lado niña hermosa
¡como quisiera retenerte aquí! Y que sí, fueras mia para siempre.
Juntas jugando a ser niñas, yo jugando a la esperanza,
a la inocencia, a la fe y a las ganas de vivir.
Anda vuelve, por mi, la que no necesita un papel o una preñez para ser madre.
Te lo pido dulce lágrima de luna, seamos las secuaces de Ícaro.
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