Hay algunos que hoy dicen
que aquel hombre oscuro
que supuse conocer,
creen que marchò en marzo,
o en mayo, o en vano.
Dicen que acaso fuera bueno
aunque siempre ocultò
un rictus insipiente
de dolor,
de indiferencia
o desapego.
Dicen.
Dicen que, segùn parece,
se volviò palabra muerta,
sibilina como bruma.
Y sin queja ni dolor
se arrastrò hacia las sombras
por las ondas tangenciales
que gobiernan los espejos.
Tambièn dicen
que hasta yo lo he buscado
sin saberlo,
sin quererlo
o sin embargo.
Que he revuelto todo el cuarto
y horizontes de papeles
y los viejos borradores
de intenciones y promesas.
Dicen otros que hoy vive
en alguna calle extraña
sin salida y sin entrada,
sin vecinos ni testigos.
Hasta dicen los que saben
que se fue por no morir,
para que en algùn momento
nos miremos a los ojos
sin espejos por delante
ni reproches por detràs.
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