Hasta el viaje que emprendimos
era impredecible y ansioso
el camino agreste, la noche,
la luna brillando a lo lejos, en tus ojos.
La ciudad nos ofrecía sus laberintos
como la noche nos ofrece indecisiones
nada podía contra la oscuridad que se venia
contra nuestras sombras recostadas como bestias
al asecho, el miedo extraño del desconsuelo
tú, lejos de todo,
alegre, sonriéndole al viento
mientras las sombras se apoderaban de nuestras fuerzas,
de los presentimientos, le temía al tiempo
sentía miedo, hasta de ti.
|