Tardes de colores
Yo abría el edificio, que daba a una plaza con algunos árboles y bancos de piedra, como cada día a las cuatro de la tarde. Al poco tiempo, Miguel aparecía por la puerta de entrada, me pedía los lápices de colores y sobre la cuartilla de papel dibujaba trazos amarillos, otros azules, verdes, violetas…
Un día le pregunté porqué hoy no había ninguno de color verde, me miró con extrañeza, siguió a lo suyo, repasando con el lápiz rojo sobre un trazo del mismo color, ante mi cara de incomprensión, se contrarió, refunfuñando sonidos que no alcanzaba a entender…Busqué en las estanterías algún libro que tuviera las tapas verdes y sobre la mesa le mostré juntos libro y lápiz, los llamé verde…seguía mirándome con extrañeza, busqué tras las ventanas… continuó dibujando…era otoño.
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