castillos ingrávidos
dejaron sus escombros
sobre las arenas yermas,
que me hicieron un día creer
bajo un cielo que no aguanta mas llanto,
percibo por momentos la levedad
y el alba que aboga por un nuevo día,
de tediosos pasos e impasibles miradas
que se alzan como suplicas
a la saliva mezclada de la tormenta,
persigo la línea que rompen
las dentelladas de las frías cumbres,
que desgarran el azul
como solemne prueba que emerge
de las ondas y la espuma.
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