Posibilidad.
Cuando te empuja el silencio,
de la oscuridad,
en medio de la yerma realidad.
Aun con torpe mirada y gestos de arlequín.
El adversario seduce desde el inmenso vacío.
Lejanos, los tintineos estelares, señalan
el laberinto de espejos.
Penetramos por no terminar
congelados en la infinita nada.
Temerosos nos asomamos
fuera del tiempo.
Confusos y atormentados,
buscamos el recuerdo.
De aquella playa de la infancia,
sin comprender mucho,
porque murió la hoguera abandonada.
Dentro, casi en el centro,
algo constante late.
Vislumbramos puntiagudas
agujas plateadas.
Derramando esperanzas,
marcando el camino,
buscamos la salida.
Antes que el último albor,
no permita que regresemos al mundo.
Para volver a nuestro destino,
que nos llama por nuestros nombres.
Intensamente invocado.
Para volcar todo el amor
que un espíritu puede contener.
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