Cada día peor con estas poesías. me rio del público sin duda, y de mí también. Hoy fue uno de esos días extraños. Se podría decir que jugué bien. Incluso en esos momentos de riesgo en que uno se ve inclinado, tentado a doblarse, a suplicar por la compasión del amor, a arrodillarse pidiendo que le calmen esa desesperación maldita que nos encastra lo bello, cuando es que ese doblarse patético e inútil no provoca nunca la piedad que necesitamos, y aun siendo esa piedad también inútil para calmar nuestro dolor.
El olfato de mi sudor repugnante cuando estoy tirado y deprimido en la oscuridad de mi cuarto con una lluvia estridente de heavy metal que me acolchona el cansancio post masturbatorio me da una especie de aliento de superación de todo ello. Una declaración de principio de nuestra naturaleza pescadal*. Un recuerdo embrionario del origen del fenómeno y toda esta persecución, de que hay que dejarse de joder un poquito.
*(de pescado) |