Tu voz inundó
la duna de mi alma dormida.
Telepático pavor en tus ojos.
En tus labios, un oculto
manantial en verano.
Oía el oscuro coral de la soledad.
Mi corazón yacía en la hierba marchita del azar, como un capulí añejo.
…pero llegaste como una víbora
ha aprisionarte en mis brazos.
Ahora:
Tirita tu nombre en la alborada.
Reposan tus sueños mecidos por mis besos.
Mi lira emana del aura matinal de tu boca que yace en mi mente como miel a mi boca.
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