No sabré yo que es agosto dijo el veterano y miraba mientras profería sentencia tan llena de calendario a una estudiante vigorosa que cruzaba la calle corriendo porque había luz roja. Estás acusando la vejez retrucó quien dos días después, tipo tres o cuatro de la tarde, moriría fulminado por un ataque cardíaco al no soportar que la misma colegiala aludida lo estaría mirando fijo fijo y sin disimulo a los ojos, mientras chupaba un caramelo de frutilla, jugueteando. En realidad él, pobre hombre, no era el destinatario de tamaña mirada de tsunami sino quien a su espalda se acercaba, un mocetón imberbe que se hacía querer y le daba poca importancia a la muchacha que por él se sentía morir y no podía disimular tanta afectación.
La primavera arribó antes, pero coqueteando con el díscolo invierno, flores van y vienen un tanto desencajadas por las contradicciones, qué frío ahora qué calor ahora… pareciendo septiembre cuando el mes no acababa de agostarse…, pero ya sabemos qué ocurre cuando invierno y primavera no son los únicos confusos…
No sabré yo que es agosto dijo el veterano, y mientras miraba a la muchacha cruzar, pensaba que los huesos tienen su propio reloj doliente, y las carnes otro más afín con el corazón…
Tonterías, se reconvino al rato.
Y borró ese pensamiento.
|