Tejo sin prisa el faldón de la muerte
fumando la hoja cosechada en mi huerto
platico en susurros con seres y duendes
y hamaco mi cuerpo colgado en sus años
No veo hacia el frente más que un manto blanco
pero si volteo aprecio en mil colores
parajes y gentes tantos por doquier
poblando los pastos verdes de la melancolía
No me quejo, lo vivido y lo gozado
que queda en el cuerpo suavizando la piel,
supera con creces los latos desalientos,
momentos mezquinos sepultados en neuronas
Y así espero, fumando y tejiendo con mis duendes
a que la santa paz sea conmigo
envolviendo mi cuerpo en el sudario
despidiendo en mi mente a mis amigos.
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