- Muchas gracias, Lore. Por venir, por la carta, bueno, por todo. - Me dice Chus mientras me da dos besitos y me abraza.
- Hasta pronto, chicas - Me despido de todas mientras se abre la puerta de nuestro autobús de la despedida de soltera y salgo disparada hacia la estación.
Saco el billete apresuradamente pero cuando vuelvo a los andenes mi tren ya se aleja. ¡Qué rabia!
Me quedo sentada en un banco de la estación. Me sobrevienen flases de la noche pasada. Sin duda lo he pasado genial con mis dulcis y valencianicas bonicas. Y bueno, con todos los demás.
Estoy agotada pero sigo con una sonrisa camuflada en la cara.
Un chico, posiblemente de otro país, se encuentra sentado en la otra punta del banco.
Mira el reloj nervioso. Son las 7:52. Se gira hacia mí y me pregunta señalando el tren que tenemos delante:
- ¿A Castellón?
- Sí, a Castellón. - respondo con una sonrisa señalando el tren. - Yo también cojo este. - explico. Él me mira sin entender.
- Parlo italiano, tu?
- No, yo no. Yo parlo español. - digo medio imitándole. - Lo siento.
- ¿Nada de italiano?
- No, nada. Ni un poquito. - digo mientras le hago una señal con las manos para que me entienda mejor. Me levanto y me dirijo a coger el tren. Él me sigue. Se sienta enfrente mía.
Yo le sonrío. Porque en realidad no sé que decir. No sé como comunicarme. No tengo ni idea de italiano.
Le señalo el panel donde pone que ese tren va al destino correcto.
Nos "hablamos" con gestos y palabras sueltas.
Yo no ceso de sonreír cuando intenta decirme algo pero yo no lo entiendo. Me pone nerviosa no comprender. Y él también parece inquieto. Resulta extraño.
Me paso todo el viaje diciendo: "No, no sé. No te entiendo. Lo siento..."
Y él repite lo que yo digo: "¿No sé?" y gira repetidas veces la cabeza.
Entonces nos reímos. Y yo me sonrojo. Giro la cara hacia el cristal y vuelvo a mirarlo.
Se llama Romeo. Ohhh, Romeo! jijijiji. ¡Qué lindo! ¡Y qué bonito acento!
Me cuenta algunas cosas de su vida. Yo algunas de la mía. Aunque no nos comprendamos del todo bien, las miradas y expresiones son idénticas y nos compenetramos.
La hora que dura el trayecto se hace muy corta. La compañía es inmejorable.
Me sigue porque es la primera vez que está aquí y no conoce nada.
Al salir de la estación me dice algo así cómo: "¡Bacho! a mí?" Tu a mi?
Pero yo no le entiendo...
Se acerca un poquito más. Y de repente, noto sus labios en los míos...
Me pongo nerviosa. Me sonrojo más y más.
Yo sigo sus pasos. Y juego con esa boca para hacerla mía.
¡Qué bien besa!
Resulta genial... Me coje de la mano. Ya sobran las palabras. Los gestos y las sonrisas lo dicen todo. Y sus besos italianos...
Mmmmmmmmm
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