Caminé por una ciudad de carne humana
Altos edificios color piel eran sostenidos por huesos, fémures y caderas
Las ventanas eran de la tela que cubre los ojos y como éstos, también se cerraban al recibir una luz intensa
Una máquina de demolición destruía una vieja escuela y de sus paredes chorreaba sangre y caían hojas de cuadernos antiguos donde se podían leer páginas enteras con la letra A
Un bloque de cemento dormía recostado en el paradero de carne humana tapado con diario, que no evitará su congelamiento
Una columna de mármol se había lanzado del piso cincuenta de un rascacielos de carne humana, agobiado por las deudas. Del suelo herido por el impacto brotaba sangre púrpura y caliente
En un sitio eriazo de carne humana se apilaban en desorden dedos con uñas pintadas, torsos musculosos, orejas con pendientes, narices empolvadas
En los vagones del metro de carne humana que viaja por las venas de esta ciudad gelatinosa, se apilaban malhumorados pilares de hierro, ladrillos de cemento, papeleros engominados y faroles perfumados
Maderas como ratas corrían por los inmundos túneles en búsqueda frenética de comida
Un obrero de metal perforaba con un hueso la pared de carne humana de una antigua construcción y a lo lejos, muy despacio apenas audible, se escuchaba un sonido parecido al llanto de un recién nacido, un recién llegado a este infierno
|