Escribía con tanto ímpetu sus maliciosas novelas eróticas. El obscesivo autor gozaba de sus escrituras, gozaba de las lìneas que su pluma impregnaba en el papel, pues toda su pasión se relacionaba directamente con un amor. Ese amor que lo tenía ocupado la mayor parte del día (y las noches también), un amor real pero imposible, un amor irrealizable a los parámetros normales de un ser cuerdo.
Se arrepentía constantemente, pues su amor estaba siendo ocupado por un borracho e inconciente, el cual jamás pudo perder el favoritismo de la deseada mujer. Todo esto es muy dificil, amar a una madre hasta el mísmisimo campo de la atracción sexual, exige un sufrimiento perturbador, puesto que a pesar de que no dejará de amarte, jamás tendrá contigo algo más que una leve caricia materna.
No hallando consuelo en sus apasionados relatos, decidió abrir su ventana y arrojarse desde su habitación. Él sabía que no podía encontrar amor semejante en otra mujer. |