El agua tibia de las ilusiones caen en mi pelo,
ruedan por mis hombros
y suspiran por mi piel.
Ríen, cantan, no lo sé
me es tan difícil manejarlas,
me desespero.
Entonces llega volando despacio,
sobre dos teclas de marfil,
la sensatez de lo posible,
de lo esperable,
de lo palpable
y recoge mis lágrimas,
gotas de esperanzas
para cristalizarlas con su mirada
suspendiéndolas sobre mi cabez,
y con el candor de sus manos
dejarlas caer lentamente
tan despacio que esta vez
no resbalan,
ya no se precipitan
Ahora las puedo detener
y guardar
sin penas, sin rabias....
patra |