En plena oscuridad podía percibir el rostro angelical y especial , contarle cuentos interminables llenos de sabiduría e infelicidad, era alguien especial para ella.
Solía llamarla a escondidillas para asi poder soñar junto a ella, mirando la luna imaginaria que brillaba impuesta al sol, comiendo almendras, para luego despertar junto a un amanecer de brillantes pajarillos cantores, aún con los ojitos nublados llenos de emoción, al recordar la estrellas en su memoria.
Sonreía por su felicidad, su eterna felicidad que no era muy comprendida por gente cercana a ella.
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