"Últimamente – dijo la señora – cuando yo hablo es como si sintieras llover, no me das ninguna atención, ¿qué soy yo para vos hoy por hoy? Antes permanentemente estabas atento a mis necesidades, antes no dudabas en preguntarme si me gustaba esto o aquello, antes te desvivías para verme cómoda, para verme satisfecha, para verme contenta. Ahora... como si no existiera. No te importa que tenga esos ataques de nervios espantosos que me dan, no te preocupa si la depresión me hace sentir como la última porquería del mundo ni que los remedios me sobre-exciten al punto de perder el control y convertirme en una amenaza pública...¿qué es lo que nos pasa?, yo quiero que me digas, ¿qué es lo que nos pasa? ¿por qué tu indiferencia?... ¡YA NO TE IMPORTA QUE SUFRA! ¡NO TE IMPORTA VERME LLORAR!, ¡DECIME ALGO, POR DIOS DECIME ALGO! ¡ CONTESTAME, DESALMADO!
El esposo, sentado impasible en el sillón de la sala no contestó nada.
No dijo ni una palabra, se mantuvo en un profundo silencio mientras la señora seguía con sus quejas señalándolo con una cuchilla de cocina ensangrentada que manejaba cual batuta de director de orquesta.
Desde el borde inferior del sillón algo goteaba lentamente y comenzaba a formar una pequeña laguna rojo oscura sobre la alfombra... |