-Quédate esta noche- dijiste.
-No puedo-. Pero en realidad era no quiero.
Mi mente en blanco.
No quise detenerme a pensar si haberlo hecho era bueno o no, ni pensar como seria tu actitud después de esto.
Mucho menos preocuparme en si me causaría dolor.
Sentir el calor de tu piel, tus brazos cubriendo mi cuerpo, tu respiración mientras dormías después del inesperado pero agradable momento me resulto extraño.
¿Realmente pensaste que te creería tanta palabrería? ¿Como pudiste pensar que por eso lo hice?
Aunque el momento físico fue bueno, lo importante fue no pensar en llamarte y mucho menos amarte.
|