...No comprendió, solo sintió. No supo ver, sino tan sólo a través de sus ojos. No le importó, clavo sin compasión la profunda daga en el pecho. No vislumbro, sólo oscureció su alma al servicio de un artilugio de amor... O de lo que ella pensó que era el amor.
No claudicó... sino presurosa prosiguió hacia su objetivo: derramó, desmembró, disolvió, aniquiló, entenebreció, y enfureció... llenando sus venas de un odio sádico y cruel. Nada le importó. Tan sólo arremeter y fragmentar ilusiones, aunque fuesen estas las de una esperanzada niña crepuscular.
No titubeó a la hora de accionar los comandos asesinos, descargando el oleoso veneno en una dosis apropiada. Pensó tal vez, que habría ganado su batalla, al subirse al caballo de la victoria. Ideó su mente un plan macabro para destruirme e introducirme en el ardid de su juego de pasiones peligrosas.
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