Al órgano me senté,
Y toqué himnos al eterno,
A su amor perfecto.
Sus ruidos imité,
fugaces ronquidos entoné,
Sonidos al registro cuidé,
Y vientos al fuelle solté.
Al órgano me senté,
Mis dedos en dulzura le mostré,
Sus labios a los míos hice mover,
E hice proclamarle como rey.
Al órgano me senté,
Mis pies sus pedales movieron,
A tan extraño atuendo,
Tantas elegancias relucieron.
Fugas de su corazón salieron,
su voz y mi voz a rosal olieron
Al entonar solemne
Canto al cielo.
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