Tus manos y mi mente
entretejían deseos.
Y fieles al deseo;
incendiaron bosques,
compartieron paraísos.
Paraisos instántaneos,
de un abrir y cerrar de ojos;
de sexos;
de mentiras bien sabidas,
pero con buen sabor.
Sabor volátil,
de fina dulzura
y amargura.
Amargura
que socavó tu ilusión,
mi fe,
nuestras promesas dulces;
pero baratas. |