Gracias, Puccca: me dijiste una vez
Y el jazmín pequeñito
Guardó tu sonrisa, con toda la ternura.
Gracias, pequeña escritora: te dije, en su momento
Y tu alma de niñ@, en ese corazón puro,
esa sonrisa eterna y tu bondad
cuajó en florecillas.
A todos los que me leyeron y dejaron constancia de ello. Gracias.
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