Que fáciles suenan las palabras con una sonrisa,
Complicadas con la cara mojada y
los barros secando mis pupilas.
Que difícil querer ser escultura de madera,
el tiempo destroza,
las miradas taladran hasta las astillas,
hasta el serrín que seca excrementos,
el cual, pisan doscientas almas
mientras sujetan la cabeza
de alguien que cree morir por la boca.
Y tú, en el suelo echas de menos aquellos días
mientras sientes los dolores.
Lloras mirando al primero,
preguntando si aun te ama, pero,
es inerte, lo que antaño consiguió ser.
Y ríes…
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