Herida latente en miles de reflejos,
invade la sombra del insomnio,
como la cresta de las olas
en mar embravacido.
El cuerpo hormiguea antigua inocencia.
Las puertas se cierran a mi paso.
Dioses crueles me abandonan
en el laberinto de las máscaras.
Quizás en el tiempo que
sea para siempre,
conozca mi pecado.
Suplico con humildad que
mis días merezcan el olvido.
Amén.- |