Bajo el sol inclemente,
cómplice de olas cristalinas y salvajes,
compañero de gaviotas libres,
corría él.
Cabellos rubios se agitaban con el viento,
en un compás natural,
y ojos celestes miraban todo con dulzura.
La energía y valentía brotaban de sus poros, porque él era defensor de causas justas, amante de la naturaleza.
El secreto del mar era suyo,
pues ellos compartían aquella idomable inmensidad
y belleza.
La sensualidad emanaba de cada uno de sus bien definidos músculos,
piedad....
Y en las noches de estrellas como hoy,
ella miraba al cielo pidiendo consejo,
consejo para olvidar aquellos ojos,
consejo para olvidar aquella sonrisa,
consejo para olvidar aquellos músculos,
consejo para olvidar aquella hermosa alma....
Nota: Parece que ergozoft está celoso porque no se parece en nada al tablista y parece que tampoco sabe mucho de ortografía, jeje. |