Ciegamente movía sus etéreos brazos, arañaba el barro negro con ferocidad. Podía sentir los surcos que las garras le habían esculpido solo un par de eternidades antes.
Su túnel desprolijo vacilaba pero avanzaba, colores mas claros empezaron a rodearla, sus blancos ojos comenzaban a brillar y la incandescencia absoluta inundó su presente. Aturdida por lo ajeno, comenzó a sentirse aprisionada en la enormidad de aquel sitio prohibido. Estruendos afónicos, se entrelazaban con voces de idiomas guturales, unas manos horrorosamente suaves la tomaron por momentos. Quiso volver a su fangoso y oscuro hueco, desesperadamente enterró su cabeza, sintiendo el frío estremecedor en sus tobillos. Necesitaba regresar, poder volver y advertir que todas las leyendas eran ciertas, lo que siempre le dijeron en el Fuego Inextinguible, era verdad. La Superficie es atroz, ninguna fuerza rige allí su ley, y es como dicen, inconveniente llegar a ese lugar, entonces la aún joven Bietka asumió como un error haberlo intentado.
FIN |