Arrestado por saludar con la gorra al revés me pasé el fin de semana recogiendo colillas. Algunas me las fumé y entre todas conté cuarenta y siete colillas de porro.
Las seleccione en los putos tres escalones del sargento, por marcas, por tamaños y por filtros caseros.
Esperé a la hora señalada con recochineo, un bazuco en la boca y con los ojos como el dos de oro.
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