Tu rostro pálido, tus labios rojos, tus manos frías,
Tu cuerpo tan sensual, tus ojos brillantes,
Tus cabellos rozando mi cuerpo, tan juntos como la rosa a la espina.
Ardiendo como en la profundidad de la tierra los diamantes.
Tus manos tocando el alma que dormía,
Dando fuego a la piel fría.
Tu aliento que mata mis penas,
Reduciendo mi mundo a tu boca,
El fuego en tus piernas,
A tu lado el cielo se toca.
Tus aromas, los destellos de pasión que por ojos emanas,
Tus sabores, tus dolores grabados en mí.
Una noche que no tiene fin;
Amándonos en medio del infinito.
Tus manos tocando mi alma que dormía,
Dando fuego a la piel fría.
Tus pechos, tu vientre, tu espalda por fin.
Una noche que no tiene fin.
|