Después de tanto tiempo, por fin había llegado tan esperado día para ellos.
-Estás preciosa- dijo acariciandole los labios mientras la desnudaba con la mirada.
Todo lo habían preparado a la perfección. Hasta el más mínimo detalle para que la magia les envolviese. Nada podía salir mal. Se acercó a ella y sus manos recorrieron con dulzura su cuerpo , embriagándose con el perfume a canela de su piel. Aquella noche parecía una diosa. El vestido negro le quedaba perfecto, y ella lo sabía. Su mirada tenía un brillo intenso, mezcla de nerviosismo y curiosidad. La tenue iluminación de la sala acentuaba sus delicados rasgos de muñeca de porcelana. Sus rojos labios, húmedos y entreabiertos, hablaban sin hablar.
-¿Estas nerviosa?- le preguntó.
-No...- contestó tímidamente mientras sentía como su corazón latía con fuerza.
- Todo va a salir bien- sus bocas se encontraron en la penumbra. Sabían que había llegado el momento.
Ella cogió sus partituras, salió al escenario y se sentó frente al piano. El caluroso aplauso del público le recordó que aquella noche debutaba como solista.
María Audije do Santo® |