Soy yo sobre esta piedra y escucho las miles de voces que llegan de alrededor.
Soy yo sobre esta multitud que de noche sabe a gritos de dolor y terror. Increíble comparación infernal.
Soy yo sobre este monte, en la oscuridad mortal de un suspiro depresivo y mis miradas recorren el camino desconocido y no hay camino en mi horizonte.
Llevo eternidades inconclusas respirando los deseos de otros.
Y gano una perdida.
Llevo vidas pasadas y almas destrozadas tratando de encontrar una discontinuidad en la esperanza.
Alguna falla debe tener.
Llevo infinitos desacuerdos entre el este y oeste, el sur y norte y la luz del sol toma mí mañana en una inesperada pesadilla.
¿Puedes observar a través de estas ciegas coordenadas?
Y el lodo hace su imperio y la niebla crea su aura y la mañana deja de ostentar su nombre.
Retirada que a distancias se sabe multitudinaria.
No hay camino, digo al fin.
Sobre esta piedra, era yo.
Las voces han callado y solo se escucha el intermitente quejido de la soledad, del silencio.
Y miro a mis 360 grados.
Sobre esta multitud, era yo.
Y la maraña de perplejidades se ha agotado y solo luce su brazo tendido, arrastrado.
Sobre este monte, era yo.
Y nada queda tras de esta solitaria expedición. |