A los que viven sin sueños y aman sin ganas.
A los que caminan sin sentir sus pies sobre la tierra y ríen haciendo un ruido sordo, y vacío.
A los que se van a la cama con la certeza de la soledad y a los que despiertan sin agradecer una nueva mañana.
A los que dejan volar las oportunidades y a los que dejan escapar los detalles valiosos por considerarlos insignificantes.
A los que temen querer y a los que no permiten que alguien les quiera.
A los que llaman disfrutar a atentar contra su salud y a los que lo hacen contra la de los demás.
A los que dejaron de defender sus derechos y a los que han renunciado a la imaginación.
Que sepan; que si no cambian, al llegar el final de su vida, se darán cuenta de que no han hecho nada con ella. Salvo dejarla pasar ante sus narices. |