En una cárcel de Rumania conocí a Abdel Kamel. Era bajito de estatura, tanto que le llamé “La Ardilla”. Él salió antes que yo.
El caso es que pretendía casarme con la menor de sus hijas.
¿Se imaginan a un padre que pretende casar a su hija con un tipo como yo?
En la trena con aún tres años pendientes.
Él argumentaba que yo “El Plata”, sería un buen “AMO”.
¿Sin amor? ¿Amo yo?
Ahí está la diferencia en los conceptos de distintas religiones.
Amo-Amar/ Dueño-Adueñar.
La última vez que me apropie de lo que no debía, acabe aquí.
Fue mi argumento.
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