No estarás tan solo.
Si entonces llaman a tu puerta,
uno a uno o todos juntos,
tus enemigos y esperan
verte desangrado, en resaca;
si han venido a traerte malas
y con el pie te golpean el zócalo
mientras se relamen ansiosos
empujándose en la fila;
abre, compañero,
descorcha tu mejor vino
y que pasen en estampida.
Que, inconscientes, ingenuos,
entre brindis y destrozos,
te harán compañía.
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